En Catalunya nadie se ha saltado la ley, España no ha querido dialogar como hace más de trescientos años

Teresa Carreras

Декабрь 27, 2017



Artículo Primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con otros”.

Todas las personas del Planeta tenemos nuestra propia dignidad. Los ciudadanos y las ciudadanas de este territorio que Charles de Gaulle y Jacques Delors soñaban con que fuera el núcleo de una Europa unida, también. Una Europa basada en la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, solidaridad, comprensión, Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos son valores del Derecho Internacional, consagrados en los Tratados de la Unión Europea. La Carta de los derechos Fundamentales de la UE es una declaración clara y firme que recoge los derechos de la ciudadanía europea para fortalecer un proyecto que se debe construir y consolidar a través del diálogo. Por respeto a esta dignidad, las personas no deben ser humilladas para poder vivir en paz y libertad.

Durante muchos siglos España se opuso a la modernización, es decir a la Enciclopedia y a la Ilustración que, en Europa, representaba la Casa de los Austria, abierta y receptiva a los cambios frente a los borbones absolutista y cerrada a los cambios. España fue, a lo largo de los siglos, borbónica mientras que Catalunya siempre fue partidaria de la Casa de Austria, abierta e innovadora.

La lucha de estas dos familias monárquicas, Borbones contra Habsburgo produjo, siglos atrás, numerosos muertos en Europa debido a la violencia de los primeros. En Catalunya, la Guerra de Sucesión española se saldó con la caída de Barcelona, el 11 de septiembre de 1714. Catalunya ha estado viviendo durante más de trescientos años de oprobio y malestar frente a una cultura impuesta y durante mucho tiempo soportada. Durante estos años ha habido diversos intentos de los catalanes de reclamar y obtener sus derechos soberanos que siempre han sido reprimidos pero nunca olvidados. Más de trescientos años que han producido alguna reacción liberadora hasta ahora fracasada pero nunca arrinconada. Para la mitad aproximada de la población siempre ha sido un sueño perseguido y esperado. En Catalunya nadie se ha saltado la ley, España no ha querido dialogar como hace más de trescientos años.

TRANSICIÓN POCO MODÉLICA

Aquellos jóvenes que en los setenta del siglo pasado ya en las postrimerías del régimen, a la muerte del general Franco, trabajábamos para que se produjera una Transición democrática modélica nos fijamos como objetivo elevar el nivel de vida de la población bastante empobrecida y deteriorada durante cuarenta años de dictadura. Muchos nos mirábamos al espejo de la Unión Europea. Pensábamos que Alemania había sucumbido, electoralmente, al nazismo y que España recurrió al fascismo a través de una Guerra Civil, sofocada por el golpe de estado del General Franco. La Unión Europea era la luz, el faro que nos iluminaba hacia un futuro de diálogo, para que no hubiera, de nuevo, vencedores, ni vencidos. Por lo que muchos entendíamos que sería importante realizar las reformas necesarias para no volver a las andadas.

Debo reconocer que yo, como muchas jóvenes de aquel momento, estábamos equivocadas. Durante la transición se taparon los resultados de la Guerra Civil española y con los los borbones consolidados en el régimen continuaron apartando a todos aquellos que preferían la república . En aquellos años se taparon muchas bocas para justificar que la monarquía seria el paragua que nos protegería a todos en igualdad de condiciones.

Años después nos dimos cuenta que aquella transición modélica, para muchos, fue una estafa. No vimos que en un país como España, tan dado a la pandereta, a las corridas de toros y a las procesiones del Santo Sepulcro, se tenían que realizar grandes cambios a nivel de educación y pensamiento y que el Gobierno del Estado no estaba dispuesto ha hacer.

España no estaba preparada para entender y aceptar que se tenía que trabajar de forma clara por la separación de poderes, es decir la no injerencia entre poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Y esto es lo que se paga ahora. En la Transición española se dio un paso importante reconociendo la plurinacionalidad del Estado a través de admitir la existencia de nacionalidades y regiones pero la separación de poderes que hay en España es, simplemente formal.

EL TESTIMONIO DE LA PERIODISTA

Años después, mi experiencia de más de diez años como corresponsal de Televisión Española (TVE) en Bruselas (1989-2000) y, ahora, siguiendo la política europea, me permitieron comprender que la geopolítica es el resultado de muchas decisiones que a ojos de muchos son más arbitrarias que democráticas. La geopolítica tuvo mucho que ver con la creación y posterior ampliación de la Unión Europea (UE). La idea de que nunca más se repitieran guerras como las dos que se vivieron a principios del siglo XX en el Viejo Continente estaban en la base de la Transición española y en la demanda de adhesión de España a la Comunidad Europea, inicial, posterior UE. La presencia de España y Portugal en la UE era estratégica, interesaba a Europa igual que la reunificación alemana (1990) o la posterior adhesión de Austria, Suecia i Finlandia (1995) o casi diez años después de muchas de las ex republicas soviéticas para competir en extensión y en poder económico con Estados Unidos.

Después de una dictadura de cuarenta años bajo el régimen del General Franco, España tuvo que asumir en su legislación aquellos valores europeos para los que estaba muy poco preparada. Estos valores tendrían que ser respetados por la ciudadanía y también por las instituciones del Estado.

Posteriormente y ya en este siglo XXI, tres legislaturas de un gobierno de centroderecha, que excluye totalmente el diálogo con los ciudadanos y gobierna a base de decreto ley, han conducido al Gobierno de Mariano Rajoy, en minoría, a anular las competencias que desde Catalunya se habían conquistado durante la Transición como una de las nacionalidades más emprendedoras, con una lengua y una cultura propias pero con una balanza fiscal siempre desequilibrada a favor de Madrid. El 11 de Septiembre, fiesta Nacional catalana celebramos una derrota, más que una victoria.

Los catalanes y las catalanas se manifiestan cada 11 de Septiembre, pacífica, cívica, familiar y democráticamente para pedir mayores cotas de autogobierno y mejor financiación. Estas manifestaciones pacíficas y democráticas han llegado a reunir en la última década a más de dos millones de personas. Esto es lo que se ha venido en llamar “la revolución de las sonrisas”

EL ANTIFRANQUISMO Y EL CATALANISMO

Tradicionalmente, el catalanismo fue un espacio plural capaz de integrar diversas propuestas desde los independentistas, los autonomistas, federalistas, confederalistas, nacionalistas de derechas y de izquierdas etc. Todos han compartido, con distintos matices, la voluntad de una gran mayoría de la población sobre el derecho a decidir su futuro de los ciudadanos de Catalunya.

En los años sesenta y tras la muerte del dictador, el antifranquismo fue un punto de encuentro del catalanismo con sus diversas tendencias que habían estado distanciadas durante la Guerra Civil. Las muestras de activismo unitario se dieron cita en l’Assemblea de Catalunya que permitieron una Transición bajo de la hegemonía del catalanismo y la democracia, situación que se ha mantenido hasta que se rompió el Pacto Constitucional con la revisión del Estatut de Catalunya en el 2006.

Las elecciones autonómicas del 27S del 2015 dieron la mayoría absoluta a una coalición independentista, JxSí (Juntos por el Sí) que se apoyó en las Candidaturas d’Unitat Popular (CUP), asociación política asamblearia en todo el territorio catalán, para obtener la mayoría absoluta. Las CUP obligaron a JxSí a cambiar al candidato a Presidente de Catalunya, Artur Mas, por Carles Puigdemont, de tradición más nítidamente independentista y sin estar vinculado a casos de corrupción. Tanto JxSí como la CUP llevaban en su programa electoral alcanzar la independencia de Catalunya, de forma pactada con el Gobierno español. Se propusieron alcanzarla en un plazo de 18 meses. Ahora reconocen que fue un plazo demasiado corto.

El nuevo Presidente catalán, en cumplimiento de la voluntad expresada por una mayoría absoluta de escaños, que no de votos, inició la andadura convocando un referéndum de autodeterminación y puso la fecha del 1 de Octubre del 2017.

En Catalunya no hay unos datos fiables de las tendencias políticas de su ciudadanía porqué el Gobierno del Partido Popular nunca ha dejado que se hiciera un referéndum. Los datos del 27-S, que se convocó como un referéndum constituyente, arrojaron un saldo de casi el 49% a favor, un 30% en contra y un 20% largo de personas que se declararon a favor de la independencia en este momento excepcional.

VIOLENCIA EXTREMA HACIA LA POBLACIÓN

Rajoy utilizando a los Tribunales declaró nula esta consulta que se realizó con una represión cruel y brutal hacia personas de toda edad y condición, por parte de la Guardia Civil española y la Policía Nacional y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. Para ver las imágenes de violencia del 1Osobre gente pacífica votando puedes clickar sobre este enlace: https://spanishpolice.github.io/

El día tres de Octubre la brutalidad policial fue contestada por la ciudadanía con una masiva huelga general, o, como la denominaron muchos, huelga de país. Aquel día por la noche, el Rey Felipe VI en una alocución televisada cerró la puerta a una solución dialogada y pactada en Catalunya. El Monarca abandonó su papel de árbitro y moderador, símbolo de un Estado, teóricamente plural. En su alocución se olvidó de los más de mil heridos bajo la violencia de la Policía y la Guardia Civil españolas, afirmando que la soberanía del pueblo español era indivisibles y estaba por encima de todo.

En los días posteriores, los Tribunales condenaron por sedición, rebelión y malversación al gobierno del Presidente Puigdemont y a todo su gobierno y a los dos “Jordi’s”, lideres de los dos movimientos sociales: Òmnium Cultural y la Assemblea Nacional Catalana

Cada uno de los miembros del Govern en decisiones rápidas e individuales decidieron que como afrontar la situación. Puigdemont, tomó el camino del exilio y pudo cruzar la frontera y exiliarse en Bruselas, con un grupo de consellers, para pedir un apoyo internacional que nunca llegó. El resto del Govern dieron con sus huesos en las cárceles españolas.

Inmediatamente y a propuesta del Presidente Mariano Rajoy el Senado aprobó aplicar el Artículo 155 de la Constitución española, a Catalunya, que de facto significa anular por real decreto la autonomía.

EL TRIPARTITO DEL 155

Para sofocar esta nueva y original revolución independentista que se lleva gestando en Cataluña el Gobierno del Partido Popular (PP), está humillando a todos aquellos que no piensan como ellos. Esta humillación se concreta persiguiendo a través de los tribunales a todos los que pacíficamente se han manifestado reclamando mejores condiciones de vida y sociales para los catalanes y las catalanas a través de una república. Pero la derecha no quiere dialogar ni sobre soberanía ni sobre división territorial. El PP es un partido de la derecha con ideología conservadora europea pero, liberal, en lo económico. En esta época de levantamiento independentista este partido cuenta en Catalunya con aliados como Ciudadanos (C’s), marca blanca del PP, partido nacido en el anticatalanismo radical, para combatir la catalanidad, tanto a través de la lengua, la cultura y el modelo de educación. Le apoyan, así mismo, socios como el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), partido autónomo pero hermano del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) con una gran tradición en el catalanismo.

El PP, C’s y PSC son lo que aquí en Catalunya se les llama el tripartito del 155. Es decir aquellos que apoyan, aunque con matices, a Mariano Rajoy en su idea de no dialogar nunca con sus adversarios sobre la soberanía política y el modelo territorial establecido en la Constitución de 1978. Y también de utilizar a los tribunales- y estos a su vez a la Policía, a la Guardia Civil y al Ejército para aplicar la violencia extrema, apaleando a la ciudadanía que votó el 1O (Primero de Octubre)- para que caiga sobre los que no piensan como ellos- todo el peso de la ley, en lugar de dialogar y votar como se hace en la Europa democrática.

CATALUNYA CONTINUARÁ SU CAMINO

Durante todos estos años de innovación y modernidad en Catalunya la extrema derecha había estado dormida.

Ahora el tripartito del 155 ha dado alas a los partidos de extrema derecha que ha hecho surgir un fuerte sentimiento españolista para ir contra el independentismo. Estos partidos populistas de extrema derecha, han aprovechado para ganar terreno en la calle y provocar enfrentamientos. Mi preocupación surge del temor que se consolide una situación de conflicto que, en absoluto, responde a la realidad de la sociedad catalana, ni a la tradición del catalanismo.

La involución que se está produciendo en Catalunya mientras usted lee estas líneas se concreta en la reducción de competencias del Gobierno de la Generalitat, rectificando su política educativa, lingüística y cultural. El Gobierno de Rajoy, antes de aplicar el 155 ya había iniciado un ahogo financiero de la Generalitat. Actualmente se redactan los documentos oficiales de la Generalitat en castellano, cuando el catalán es la lengua vernácula de Catalunya y convive sin ningún problema con el español. El ambiente se ha enrarecido con acusaciones de los unionistas en el sentido de que en la escuela catalana se adoctrina a los alumnos. Esto no es cierto. La realidad es que Catalunya tiene un tejido social de centro izquierda y el PP en Catalunya, es el penúltimo partido en escaños. Sus políticas no han cuajado nunca en Catalunya.

El momento es muy difícil en Catalunya. Con unas elecciones a la vista convocadas para antes de Navidad. Seria un falso dilema contraponer involución autonómica frente a independencia, como lo propone el tripartito del 155. Cuando lo que está en juego es: república frente a monarquía, políticas sociales frente al enriquecimiento de unos pocos con duras políticas liberales. Hay muchos que afirman que el proceso independentista hasta ahora no ha servido para nada, solo para mentir. Esto sí que es una gran mentira. El independentismo ha servido hasta ahora para levantar una revolución simultánea, social y nacional para hacer más grande a Catalunya. Denunciar la corrupción que existe en la misma Catalunya así como en el Estado español. Devolver la dignidad a las personas con políticas sociales y el sueño de crear una república.

El independentismo ha puesto sobre la mesa que la Transición española no fue modélica. Interesaba a los borbones y que estuvo protegida por el fascismo. Así como que mientras el Estado Español ponía en marcha l’Operació Catalunya”, para acercarse más a la ciudadanía catalana, los servicios secretos tejían complicidades con el imán de Ripoll cerebro del atentado de la Rambla del pasado 17 de agosto.

Desaliento, desánimo son palabras que no conocen ni el independentismo ni la ciudadanía catalana que persigue la república. El Artículo 155 ha sido, hasta ahora, solo una piedra en el camino en la voluntad de los catalanes y las catalanas de autodeterminarse.

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©Teresa Carreras, periodista
See also (Catalan and English): URL: https://youtu.be/K6i69o2ANJg